El Cine como forma expresiva y estética

jueves, 1 de enero de 2009

El Hamlet de Juan Diego Botto

El pasado día 30 acudimos a ver el Hamlet en el Centro Dramático Nacional... Y de nuevo me maravillé con la fuerza de un texto capaz de aguantar cualquier "cosa"... Me reconozco vicioso de Hamlet; he leído la obra mil veces y he contemplado otras mil en teatro y cine; sobre todo, en cine.... He visto interpretaciones e "interpretaciones" discutibles, como la de Franco Zeffirelli (1990), protagonizada por el peor Mel Gibson. Aún disfruto recuperando periódicamente la versión de Sir Laurence Olivier (1948) y, por supuesto, la más actual de Kenneth Branagh (1996), que juzgo maravillosa.
Salí del Teatro María Guerrero recordando a Ernst Lubittsch, y preguntándome por qué a todos los actores mediocres y enfermos de narcisismo, se les antoja emular a Richard Burbage, aprovechándose de la obra más compleja e interesante de la dramaturgia universal. Debe ser porque ante esa complejidad los espectadores somos proclives a la benevolencia y porque la calidad del texto pervive por encima de los atropellos... Reconozco que al oír "Ser o no ser..." a mí también me entraron ganas de salir del patio de butacas siguiendo a Cupido... Y no lo hice porque, seguramente, mi respeto hacia quienes trabajaban allí es superior al que algunos de ellos tienen hacia los espectadores.
Naturalmente, no todo lo que sucede en el escenario es malo... La escenografía es pobre, pero (con mucha manga ancha) aceptable; también lo es la interpretación de algunos actores... Me gustaría destacar el trabajo de José Coronado, Marta Etura, Nieve de Medina... Tampoco está mal el vestuario y la iluminación... Los efectos especiales no me han gustado, sobre todo, los sonoros, a mi juicio, deplorables.


Y por fin, lo que ha encendido mi ira...
1. La interpretación de Juan Diego Botto. No puedo entender que se diga de él que es un buen actor. Tengo muy fresco su trabajo en El Greco y... mi juicio es muy diferente, radicalmente distinto.
2. Destruir el sentido trágico global de la obra con "morcillas" cómicas mediocres y mal resueltas. En el texto original existen "acotaciones cómicas" enjundiosas como las alusivas al esqueleto del bufón, que por "causas justificadas" fueron eliminadas en la representación que yo contemplé. Seguramente, estas "aparentes anomalías" (según mi capacidad perceptiva) surgen de que, según reza en el tríptico ofrecido a los espectadores, Juan Diego Botto entiende que la obra trata sobre "La familia y el poder"... Yo siempre había entendido que la obra trata sobre "La Venganza"... a manos de un personaje sumamente peculiar.
3. El criterio seguido para elegir unos textos y suprimir otros. Eliminar algunas partes puede romper la médula del "juego" propuesto por Shakespeare. En este caso ese peligro es obvio. No me gustó nada el comienzo, seguramente concebido en origen para situar al espectador en un ambiente de "realidad peculiar", dominada por el juicio sobrenatural, el universo que se esconde en lo más profundo del alma humana. En la versión de J.D. Botto prevalece la anécdota sobre la substancia y ese es el mejor camino para destruir a Shakespeare.

Para finalizar... Desde estas acotaciones marginales, que me sirven como desahogo, me permito ofrecer tres sugerencias públicas; dos al autor directo del atropello, Juan Diego Botto... La primera, que se olvide de la dirección teatral "seria" y busque otras formas de ganarse la vida, acaso en los teatros comerciales. La segunda, que también repudie la interpretación "de calidad". Y la tercera, al responsable del Centro Dramático Nacional, Gerardo Vera: si no encuentra a nadie más cualificado para hacer una versión de Hamlet, convierta el teatro en plató de televisión y alquíleselo a Mercedes Milá. Y si ello no encaja con los objetivos programáticos definidos desde el Ministerio, dedíquese usted también a otra cosa y deje de andar a la sopa boba... a cargo del contribuyente. Porque aunque a mucha gente le guste la obra (los asistentes aplaudimos a rabiar), una entidad de ese tipo no debería regirse por los criterios de audiencia que definen la programación de Tele 5.

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