El Cine como forma expresiva y estética

lunes, 8 de noviembre de 2010

LA JAURÍA HUMANA Y LA CAZA DE BRUJAS

Por: Javier Mateo Hidalgo




En este año 2010 falleció Arthur Penn. Pasará a la historia del cinema por ser considerado uno de los realizadores de la etapa de Caza de Brujas de Hollywood. Esta etapa dio grandes títulos al séptimo arte y revitalizó el cine americano desde sus raíces. El clima social que por entonces se vivía sirvió de caldo de cultivo para avivar un cine social que la industria había tratado de soterrar bajo una ideología imperante de sedación en el espectador, haciéndole sentirse orgulloso por su propia nacionalidad (creo que uno de los personajes que mejor han descrito a este ciudadano lo podemos encontrar en el millonario al que Janet Leigh sisa sus fajos de billetes en “Psicosis” de Alfred Hitchcock).

En el juicio político que el senador republicano McCarthy llevó a cabo, la limpieza comunista destapó a delatores y escondió bajo seudónimo a escritores (guionistas, se entiende) que colaboraron con su talento en empresas cinematográficas comprometidas. Algunos, quedaron tan psicológicamente tocados que no volvieron a ser lo que fueron. Elia Kazan trató de autojustificar el papel del chivato (con obvia intención autobiográfica) en el filme “La ley del silencio”, filme que terminó por interrumpir su ascenso cinematográfico dejando obras de la talla de “Al Este del Edén” o “Un tranvía llamado deseo”, apostando por la joven generación de actores de nueva escuela como Marlon Brando o James Dean. Otro de los delatores fue el actor Gary Cooper, quien colaboró en la causa de esta “cruzada” de forma voluntaria. Dirigido por Robert Rossen (quien acabó también dando nombres ante el tribunal, pero en este caso bajo presión, al incluírsele en la lista negra) interpretará casi al final de su vida “Llegaron a Cordura”, donde interpreta a un oficial al que sus hombres desprecian por un acto de cobardía en el pasado. Más allá del western, el filme posee tintes bélicos relacionados con la situación política del momento. El propio personaje de Cooper, Thomas Thorn, redacta una lista negra de sus opiniones en un cuaderno también negro, y sus hombres le preguntan continuamente si con ello les va a delatar. Rita Hayworth interpreta el papel de una mujer que colabora con los seguidores de Pancho Villa, actuando de traidora hacia Estados Unidos. Tanto los personajes de Cooper como de Hayworth ponen la voz a Robert Rossen.

Arthur Penn, un director incomprendido por su época, supo sacar adelante una serie de proyectos arriesgados por su firma tan personal. En el caso que nos aguarda, “La Jauría humana”, contó no solo con la excepcional colaboración de la guionista Lillian Hellman (esposa de Dassiell Hammet y autora de otros guiones como los de “la calumnia”- donde se trata el tema de la homosexualidad- o “La loba”, fue sospechosa por su ideología izquierdista durante la Caza de Brujas) sino con las interpretaciones de actores como Marlon Brando (sin duda, la mejor interpretación), Robert Redford (considerado crucial para la trama aunque con escaso papel actoral), Jane Fonda (actriz a la que debería de aplicarse la expresión Freudiana de “matar al padre”, por cuanto nos recuerda a él y nos aleja de toda libido) o Robert Duvall.

El tema, que se alza sobre el argumento, resulta evidente para la reflexión: la sociedad puede convertirse fácilmente en masa, y esto supone un problema de difícil solución. Calder, el sheriff de Tarl (una pequeña ciudad en el estado de Texas), debe gobernar con su sentido de la justicia a una turba incontrolable de hombres que amenazan constantemente con utilizar su propio poder contra el establecido. El caldo de cultivo lo fomentan una serie de individuos de la alta sociedad que no dudan en utilizar como armas convincentes las que desenfundan de sus cinturones. Esta forma de dominación se utiliza también con claras connotaciones sexuales. Por ejemplo, en una de las fiestas organizadas por este sector social, una chica trata de introducir al sheriff en ella con el argumento de que para entrar solo se pide que los invitados lleven pistola. Brando entonces contesta: "Con todas las pistolas que tiene a su alrededor, temo que no hay sitio para la mía".

La lucha de este David que interpreta Brando contra ese Goliath imparable, nos habla de un cierto pesimismo que ya estaba germinándose en la Escuela de Franckfurt. Brando es un mártir que decide, aún reconociendo que no le gusta estar allí, llevar a cabo su misión, su tarea como espíritu lúcido e incorruptible.

Lo más peligroso del filme en cuestiones ideológicas se encuentra en la reacción del espectador para determinados comportamientos de los personajes. Así, por ejemplo, no encuentra negativo que el “bueno” la emprenda a golpes en una brutal paliza contra el que acaba de asesinar a Reeves (otro de los personajes a los que se perdona todo por lo que Redford nos muestra de él- más bien poco, pues apenas sabemos de él más allá de que se trata de un presidiario fugitivo). El ensañamiento nos produce, en este caso un cierto disfrute. Me refiero a planteamientos morales del tipo de “Dogville” de Lars Von Trier, en el que el propio espectador puede llegar a tolerar cierta ideología fascista al situarse en situaciones extremas. El problema estriba en nuestra propia educación, ajena ya a todo tipo de belicismo. ¿Cómo reaccionaríamos ante el hipotético caso de una guerra? ¿Nos han enseñado a convivir en estas situaciones límite? ¿Nos quedaríamos quietos o actuaríamos despiadadamente, llevándonos por medio las normas esenciales de la democracia?

Brando es ese típico personaje que trata de parar a las olas. Cree en el entendimiento, en el diálogo, en el talante… Sin embargo, todo esto se viene abajo igual que en el caso de “Perros de Paja” de Peckimpah, donde Dustin Hoffman acaba dejándose también llevar por aquellos instintos que tanto trata de reprimir en su postura cívica.

No debemos dejarnos llevar por el pesimismo, sino por la propia enseñanza que nos ofrece una caída de venda en la ingenua creencia del dilema filosófico de la bondad natural y común en los hombres (de buena e hipócrita o mala voluntad).


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